Creando una declaración personal de su misión

Introducción

Todo ser humano, cómo una creación de Dios, es una criatura finita con límites en cuanto al tiempo, la energía y los recursos. Mentalmente, la mayoría de todos los hombres o las mujeres se apresuran a confesar esta verdad; Sin embargo, luchamos para vivir con sus implicaciones. Una de las batallas más grandes que enfrenta cualquier creyente o líder (hombre y mujer) que ama apasionadamente a Dios, será la de determinar y mantener sus límites personales. Viva donde viva en este mundo o haga lo que haga, jamás hay suficiente tiempo o energía para realizar lo que uno quiere o debe hacer.

Esta limitación se vuelve aún más evidente y más difícil de confrontar cuando hay un compromiso de vivir como Jesús vivió en llevar una vida centrada en cuidar y satisfacer las necesidades de los demás. Esto es a la vez un deseo noble y bíblico. Sin embargo, cuando uno considera cuidadosamente este compromiso, uno puede ver rápidamente la inmensidad de sus implicaciones en contraste con sus limitaciones humanas. Cuando se perciben con exactitud los compromisos espirituales, hay pocos de esos compromisos que requieren mayores pasos de fe.

Como un líder sirviendo en la iglesia de Cristo, uno está rodeado por un mundo caído que está lleno de gente destrozada o quebrantada. Aun la gente redimida sigue siendo incompleta y tiene necesidades, hasta que lleguen al fin a presencia de Dios. Lo que hace que esta realidad sea aún más difícil es que estas necesidades no solo afectan a la vida de la persona misma pero también las vidas de su familia. Esas necesidades insatisfechas pueden ser destructivas a los que las tienen, y con frecuencia tienen un efecto negativo sobre los que les rodean. Lo más triste es que las necesidades insatisfechas causan que muchas personas nieguen al Señor Jesucristo o que se aparten de él.

Con razón estas realidades pueden ser aplastantes para los que han sido llamados por Dios para cuidar a su iglesia. Reconocen que cada oportunidad para enseñar, pastorear, aconsejar, discipular, etc., contiene implicaciones eternas que van mucho más allá de la vida en esta tierra. Aún más importante es que esas personas son conscientes de que en muchas situaciones, si ellos no están dispuestos a satisfacer una necesidad determinada, la probabilidad es que nadie más lo hará. Estas realidades crean una presión extrema en la vida del líder a sentirse obligado a cumplir con toda necesidad.

La crisis surge cuando un líder ha llegado al límite de su habilidad de luchar. Ya no puede encontrar más tiempo ni energía para cuidar a los demás, y su capacidad para continuar se ha agotado. Sigue pidiéndole a Dios la fuerza para seguir adelante, pero la dura realidad es que se han agotado los límites de su energía, tiempo y habilidades. A menudo, esta realidad “trituradora” se complica aún más por el hecho de que ese líder ha llegado a un nivel de agotamiento que le ha dejado físicamente y emocionalmente vacío. Se encuentra sintiéndose culpable por su fracaso en ministerio, pero está tan exhausto que, en realidad, no siente nada más allá de esa culpa. Lo más alarmante de todo es que, a veces, a ellos les parece como si Dios se hubiera alejado de ellos; lo buscan, pero pareciera que Dios sólo existe en teoría. Algunos continúan robóticamente en el ministerio, tratando de ayudar a otros a encontrar la paz y la presencia de Dios cuando ellos mismos viven sin ellas. Otra opción que muchos toman es la de abandonar completamente al ministerio.

Este punto de crisis es aún más grave por parte de los líderes porque los miembros de la iglesia los ven como un tipo de súper-cristianos, que conocen a Dios tan íntimamente que permanecen más allá de las luchas y las necesidades de los creyentes “normales”. Como consecuencia de esta percepción hay muchos líderes que temen confesar sus necesidades, porque eso podría dar lugar a una pérdida de respeto o incluso sus puestos como líderes. La mayoría de los líderes que llegan a este punto de crisis abandonan sus ministerios, y no tienen con quien acudir para pedir ayuda y el apoyo que tanto necesitan. No hay soluciones sencillas a esos problemas porque cada persona y situación es única.

Objetivos de la sesión

  1. Estudiar, reflexionar y aprender cómo Cristo enfrentó sus limitaciones humanas
  2. Ser capaz de definir y comprender el propósito de la misión.
  3. Examinar el contexto en el cual su misión necesitará operar.
  4. Escribir una declaración personal de su misión.
  5. Establecer metas para cumplir con su declaración de misión.