La vulnerabilidad de los líderes

Lección 2: La vulnerabilidad y el factor de propensión para pecar

Todos tenemos la capacidad para pecar en cualquier momento.  Pero hay ciertas condiciones o circunstancias bajo las cuales aumenta nuestra vulnerabilidad a la transigencia espiritual.  Esto es lo que Dallas Willard ha descrito como el "factor de propensión para pecar".  Bajo las condiciones adecuadas, lo que podría ser visto como un "momento oportuno", puede aumentar el grado de disposición de un líder a pecar, haciéndolo más vulnerable al ataque.  Al estudiar esta dinámica he llegado a creer que hay por lo menos cuatro situaciones generales que tienden a incrementar la propensión de un líder al factor del pecado y por lo tanto crean un momento oportuno para el ataque espiritual.

1. Justo después de una experiencia espiritual de alto nivel o montaña.  El bautismo de Jesús era precisamente una experiencia de renovación.  Tal vez por eso Satanás fue tan rápido para atacar a Jesús inmediatamente después, a pesar de su mayor enfoque espiritual a través de la oración y el ayuno.  Pedro, en Mateo 16, tuvo un punto culminante espiritual al recibir la revelación acerca de que Jesús era el Cristo.  Pero momentos después lo encontramos dándole a Jesús un regaño privado y posteriormente siendo reprendido él mismo con las palabras: "¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres".

Por mucho que nos gustaría vivir en la cima de la montaña, la vida está llena de picos y valles.  Más de un líder ha aprendido de manera difícil que espiritualmente las experiencias renovadoras son a menudo seguidas por tiempos de ataque espiritual.

Bajamos la guardia y el enemigo trata de explotar un momento de kairos basado en una disposición temporalmente propenso al pecado. La naturaleza de la tentación será modificada especialmente para usted; es el momento oportuno que es bastante predecible.

2. Después de un éxito fructífero o poderoso del ministerio. El profeta Elías es él que tipifica todos los líderes cuando se trata de esta ventana de vulnerabilidad.  Inmediatamente después de una gran victoria sobre los profetas de Baal y la reina Jezabel, pronto se encontró haciendo un berrinche espiritual como un niño.  Por un lado, nos preguntamos cómo podría alguien tener un cambio tan repentino y pendular de fe y emociones.  Por otro lado, sabemos muy bien lo que Elías experimentó.  A nuestra manera hemos estado allí, y hecho eso.

3. Cuando los riesgos son más altos. No todas las decisiones de liderazgo son de igual importancia.  Los líderes intuitivamente entienden cuando los riesgos son más altos, cuando no obtener los resultados que queremos tiene el mayor inconveniente.  En esos momentos de "alto riesgo", el impulso de un líder para pecar a menudo aumenta, creando un momento oportuno para el enemigo.  ¿Alguna vez ha visto a un líder desesperado por los recursos necesarios para construir un nuevo edificio o lanzar un nuevo programa que fue tentado a exagerar su posición para atraer esa "ofenda preliminar?"  Los detalles de la situación no son tan importantes.  Lo que debemos admitir es que cuando estamos en un rincón somos particularmente vulnerables, y aumenta nuestro grado de propensión para el pecado.

Tal vez esto fue lo que llevó a Rebecca a tramar una red de mentiras lo suficientemente grande como para asegurarse que Jacob obtuviera la bendición en lugar de Esaú.  Los riesgos eran simplemente demasiado altos.  Tenía que actuar.  Algunos han especulado que la decisión de Judas de traicionar a Jesús fue un intento de obligarle a adoptar el papel de un líder militar que pondría a Israel libre del dominio romano.  Tal vez Moisés sintió algo de esta misma presión cuando eligió matar al egipcio y tomar el manto de "libertador".

Cuando "simplemente tiene que salir bien", los líderes son vulnerables a una mentalidad de Maquiavelo que justifica doblegar las reglas "sólo esta vez", por el bien de la causa.

4. En un tiempo de agotamiento físico, mental y emocional. El liderazgo, especialmente el liderazgo cristiano, puede ser increíblemente agotador.  Cuando los líderes están rendidos, a menudo se encuentran en una posición vulnerable, con una propensión mayor para el pecado.  Quizá esta ventana de vulnerabilidad ayude a explicar cómo pudo Pedro negar públicamente a Jesús, no una, sino tres, con maldiciones además.  Sabemos que estaba agotado, hasta el punto de quedarse dormido cuando Jesús había pedido específicamente su apoyo por medio de la oración.  Estaba confuso acerca de lo que sucedía y temía que todo lo que esperaban del Mesías se deslizaba entre sus dedos como arena a lo largo de la orilla del mar.

Moisés se encontró repetidamente agotado por los israelitas ingratos que se quejaban continuamente.  Finalmente, el espíritu de pleitos y ataques verbales cortantes dejaron a Moisés exasperado; expresó su ira golpeando la roca en lugar de hablarle como Dios había instruido.  El agua todavía fluía, pero ese momento de vulnerabilidad se convirtió en un fracaso descalificador que impidió a Moisés entrar en la tierra prometida.

Tomados individualmente estos cuatro conjuntos de circunstancias son bastante desalentadores.  Cualquiera de ellos puede crear un momento kairos para que el enemigo ataque un blanco de liderazgo. Pero pronto podemos darnos cuenta de la frecuencia con que los líderes se enfrentan a un efecto cumulativo que resulta de la compleja combinación de estos cuatro escenarios.

Como las oleadas de la tormenta que implacablemente golpean contra la pared de rompeolas de nuestros corazones, el enemigo se delieta en golpearnos cuando ya estamos abatidos, añadiendo capas de vulnerabilidad a las repetidas olas de ataque espiritual.

He hablado con pastores que comparten que sus batallas más frecuentes se llevan a cabo el domingo por la noche, después de que el punto culminante de la semana ha terminado y están rendidos por un día completo de ministerio.  Sé por experiencia personal que después de un fructífero e intenso discurso, tengo que mantener la guardia, incluso en el viaje a casa.  En esta ventana del tiempo a menudo me ocupo de la combinación de agotamiento, un punto alto espiritual y un avance en el ministerio de enseñanza.  Una de las paradojas del liderazgo cristiano es que experiencias espiritualmente estimulantes de esta naturaleza pueden ser rápidamente volteadas, aumentando nuestra propención al pecado.  ¿Cómo debemos responder a este reto?  He identificado algunos pasos prácticos que me ayudan.  Quizás le hagan pensar en su plan de defensa.

 

Preguntas para aplicación y reflexión

1. Si usted ha estado cerca de un líder que experimentó un fracaso moral importante, analice la situación basada en el contenido de este artículo. ¿Se aplican los principios compartidos aquí?  Si    no, ¿qué hizo que esta situación fuera una excepción?

 

2. No todas las tentaciones están arraigadas en un ataque demoníaco.  ¿Cree usted que los principios de este artículo se apliquen a la vulnerabilidad arraigada en los deseos carnales, así como el ataque espiritual? ¿Por qué o por qué no?

 

3. ¿Cuál de las cuatro circunstancias suele ser más problemática para usted?  ¿Puede identificar alguna o múltiples situaciones que está enfrentando hoy mismo?

 

4. ¿Puede identificarse con el pastor que lucha con más frecuencia el domingo por la noche?