Transición: encontrarle sentido a los cambios de la vida

lección 3: La dificultad y el peligro de la transición

La transición se caracteriza por ser difícil y peligrosa. “No se trata de que temamos al cambio o que amemos tanto nuestras costumbres anteriores, es más nuestro temor a ese lugar entre ambas cosas… es como estar entre dos trapecios. Es cuando Linus (de Charlie Brown)  tiene su cobija en la secadora. No hay nada a que aferrarse.” (Marylin Ferguson, Futurista estadounidense.)

Por naturaleza, la transición es difícil. Es un tiempo en el cual ni las formas vieja de hacer las cosas ni las formas nuevas de realizarlas (si existieran) resultan satisfactorias.  Las personas atrapadas entre estas dos realidades a menudo  se encuentran inmovilizadas.

Es un tiempo en el cual la claridad se pierde y todo está en cambio continuo. Todo parece estar dudoso. Nada es por seguro  y cualquier cosa puede suceder. Nadie conoce las respuestas: una persona indica una cosa mientras otra dice algo completamente diferente.

Todas estas dificultades se agudizan por el hecho de que las transiciones pueden durar días, meses o incluso años.

Las transiciones son peligrosas tanto a nivel personal como corporativo.  Puede aparentar que todo se está estropeando  y que toda la comunicación se ha detenido. El nivel de ansiedad de las personas se eleva y su motivación disminuye.  Se sienten desorientados e inseguros. Están resentidos y a la defensiva.

La energía ya no está disponible para poder lidiar con el trabajo y con las medidas de adaptación. A menudo el enfoque y la productividad sufren a nivel personal. Las debilidades anterior que habían sido compensadas o  enmendadas, reemergen.  Esto funciona de la misma forma que otras  situaciones culturales, y trae a la luz nuestras debilidades personales.

A nivel corporativo los sentimientos de  falta de confianza o duda hacia otros miembros del equipo o hacia el liderazgo  que pensábamos se habían resuelto, regresan. Los temores vuelven a emerger y las frustraciones también. Las personas están sobrecargadas, con frecuencia reciben señales confusas. Los sistemas están en cambio perpetuo, por lo cual probablemente  no sean confiables. Las prioridades pueden ser confusas,  información malinterpretada, y tareas importantes pueden dejarse de hacer.

Las personas pueden tomar extremos: algunos quieren correr hacia delante mientras otros quieren regresar a los viejos tiempos.  El consenso con facilidad se pierde y el nivel de desacuerdos se eleva.  El trabajo en equipo se minimiza, así como la lealtad a la organización  en sí.

La frustración y la tensión aumentan, todos parecen movilizarse a medias, y pueden escuchar que algunas de las mejores personas están considerando irse. Con tanta incertidumbre y frustración, las personas pierden su confianza en el futuro de la organización y la dejan con mayor frecuencia.

El individuo o la organización  están vulnerables a los ataques de todos lados.  Las personas pueden estar desorganizadas y cansadas,  respondiendo lentamente  y sin ganas a las amenazas exteriores. La necesidad de obtener respuestas  es una sed que no se puede saciar, y existe entonces la tentación de seguir a cualquiera que dice tener una salida.

reguntas para reflexión personal

1. ¿Puede usted identificarse con algunos de los sentimientos de la transición?
 

2. En vista de los peligros y las dificultades de las transiciones, ¿por qué sería importante reconocer el proceso y tomar el tiempo con calma para hacer los ajustes necesarios?
 

3. ¿Qué estrategias podría implementar una organización (ministerio, iglesia) para ayudar a sus miembros con las dificultades de una transición.

 

4. ¿Cómo pueden los padres ayudar a sus hijos en un periodo de transición?