Claves para terminar bien

1. Intimidad con Cristo

Nuestra vocación suprema es crecer en nuestro conocimiento de Cristo y manifestarlo a los demás.  ¿Nuestro deseo de conocer a Cristo supera todas las demás aspiraciones?  Si no, todo lo que toma su lugar en el centro de nuestros afectos debe ceder a él si hemos de conocer el gozo de llevar fruto espiritual.  Un secreto clave para aquellos que terminan bien es centrarse más en amar a Jesús que en evitar el pecado.  Cuanto más amemos a Jesús, más aprenderemos a poner nuestra confianza en él solamente.

2. Fidelidad en las disciplinas espirituales

Las disciplinas espirituales como la oración, el compañerismo, el estudio, el culto y la sumisión no son fines en sí mismos, sino que un medio por el cual llegar al fin de la intimidad con Cristo y la formación espiritual.  Sin un esfuerzo de nuestra parte, sin embargo, cualquiera de estas disciplinas tiende a declinar y decaer.  Una infusión de intencionalidad dirigida y esfuerzo es necesaria para sostener el orden y el crecimiento y para traer repetidas veces la renovación personal.

3. Perspectiva bíblica sobre las circunstancias de la vida

Parte del propósito de nuestro sufrimiento y de las pruebas es llevarnos a la dependencia de Dios solamente.  Dios responde revelando más de sí mismo a nosotros.  Este conocimiento aumenta nuestra fe y nuestra capacidad para confiar en su carácter y sus promesas a través de los tiempos en que no entendemos sus propósitos y sus caminos.  Cuando vemos nuestras circunstancias a la luz del carácter de Dios en lugar del carácter de Dios a la luz de nuestras circunstancias, vemos que Dios nunca nos es indiferente. Él usa el sufrimiento para nuestro bien para estar más unidos a Cristo.

4. Un espíritu enseñable, responsable, humilde y obediente

Aquellos que terminan bien mantienen una continua postura de aprendizaje a través de las épocas de sus vidas.  La humildad y la obediencia sensible son las claves para mantener un espíritu enseñable.

La humildad es la disposición en la que nos desplazamos a través de la entronización de Cristo en nuestras vidas y nos damos cuenta de que toda la vida se trata de la confianza en Dios.  La obediencia es la aplicación de la fe bíblica en lo que no se ve, y lo que todavía no es.  A medida que maduramos en Cristo, aprendemos a confiar en el carácter y las promesas de Dios a pesar de la ambigüedad o las pruebas.

5. Un sentido claro de propósito personal y llamamiento

Dios ha llamado a cada uno de nosotros a una jornada con propósito, sostenido por la fidelidad y la esperanza creciente.  Este llamamiento o vocación trasciende nuestras ocupaciones y perdura más allá del final de nuestras carreras.  Mientras buscamos la guía del Señor para desarrollar una visión personal y claridad de misión, nos movemos más allá del nivel de tareas y logros hasta el nivel del propósito para el cual fuimos creados.

6. Relaciones saludables con personas ingeniosas

Las relaciones tales como asesoría espiritual, liderazgo servidor y rendición de cuentas personal y en grupo son recursos valiosos que alientan, equipan, y exhortan.  Las personas que terminan bien no lo hacen sin el apoyo cariñoso de otros miembros en crecimiento del cuerpo de Cristo.  Estas relaciones nos ayudan a aumentar la intimidad con Cristo, mantener las disciplinas necesarias, clarificar nuestra perspectiva a largo plazo, mantener una actitud enseñable y desarrollar nuestro propósito y nuestro llamado.

7. Inversión permanente del ministerio en la vida de los demás

La vida llena del Espíritu requiere que descubramos y desarrollemos los dones espirituales que hemos recibido y los ejercitemos a través del poder del Espíritu para la edificación de otros.  Los creyentes que terminan bien se caracterizan por el ministerio de extensión y sacrificio para el bien de otras personas.

Aquellos que dilapidan los recursos, dones, experiencias y conocimientos aprendidos con dureza que Dios les ha dado, ya no invirtiéndolos en las vidas de otros, pronto se marchitan y se retiran.

¿Qué se necesita para terminar bien?  ¿Cómo podemos correr de tal manera que podemos decir con Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe?" (2 Timoteo 4:7, Hechos 20:24, 1 Co. 9:24-27)  Tomando en cuenta estas siete características le ayudará a terminar bien día a día, mientras "corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante," (Hebreos 12:1).

 

Preguntas para reflexión

  1. Responda a esta frase: “Un secreto clave para aquellos que terminan bien es centrarse más en amar a Jesús que en evitar el pecado.”   ¿Cómo encaja con los siguientes versículos? Juan 14:15; 1Juan 2:1-6

  2. ¿Cuál de las disciplinas espirituales practica usted regularmente?  ¿Le gustaría practicar otras? ¿Cómo podría empezar?

  3. Cuente de alguna ocasión en su vida en que un periodo de sufrimiento resultó en que se acercara más a Dios y aprendiera más de su carácter.

  4. ¿Por qué es necesario ser humilde para poder terminar bien?  ¿Qué medidas puede tomar para seguir aprendiendo a lo largo de la vida?

  5. Exprese en una oración o dos el gran propósito por el que fuimos creados.

  6. ¿Cuáles son algunas de las relaciones saludables que le ayudan a avanzar positivamente en su vida?  ¿Cómo le ayudan?

  7. ¿Cuáles son sus dones espirituales?   ¿Los está desarrollando en algún ministerio en la iglesia?  Exprese su visión para ser útil para la edificación del cuerpo de Cristo.