La renovación espiritual

La verdadera renovación espiritual no es simplemente la modificación del comportamiento, sino que la expresión de una transformación profunda. Representa un cambio de corazón y mente, emoción, actitud y voluntad, efectuado por el Espíritu Santo.

Cuando hablamos de la renovación espiritual, normalmente es porque reconocemos que hemos perdido el sentido de intimidad con - o acercamiento a - Dios. Esto, a veces, se debe a la presencia del pecado en la vida, o un descuido de la relación con Dios. Otras veces, ocurre por una pérdida o un golpe fuerte en la vida, en el que nos sentimos lejos de la mano protectora de Dios. Puede ser un efecto secundario cuando cumplimos una obra espiritual muy agotador físicamente. O puede ser que nunca hemos aprendido acercarnos a Dios de esta manera. Entonces para poder establecer, o volver a tener, esa relación íntima con Dios, hay que ir a lo más profundo de nuestro ser – al corazón.

El corazón es el centro de las emociones, la moralidad, la conciencia, los deseos y la voluntad. El corazón planifica, se compromete, y decide.  El resultado de la obra del corazón se manifiesta en los pensamientos, las acciones y palabras (Mar. 7:21; Mat. 12:33-34). También interpretamos información de tipo moral e intelectual, según el estado del corazón.

Nuestra condición pecaminosa produce en nosotros un corazón muerto a Dios, esclavizado al pecado, y egoísta.   Debemos asegurarnos de que nuestro corazón ha sido regenerado (por la fe en Jesucristo) y que tenemos la voluntad de someternos al proceso de “un trasplante cardíaco”.

Lea el Salmo 51, pensando en lo siguiente:

  • ¿A base de qué pide David el perdón?  (v. 1,2)
  • ¿Qué actitud manifiesta David? (v. 3-6)
  • ¿Qué sería el resultado del perdón? (v. 7)
  • ¿Qué pide David después de esto? (v. 10)
  • ¿Qué sería el resultado de un nuevo corazón? (v. 11-13)

Tomemos unos 15 minutos para hablar con Dios, pensar en el Salmo, y meditar en lo que Dios quiere de nosotros.  Si encontramos un pecado, tenemos que arrepentirnos de la acción, el pensamiento, o el deseo que rompe la intimidad con Dios.  Luego, hay que confesarlo a Dios, y abandonarlo.

Luego, podemos dedicarnos a la renovación de la mente. La mente es la fuente de todas las acciones, y recibe su autoridad desde el corazón.

Lea Efesios 4:17-24, y piense en las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo califica Dios el pensamiento de la gente que no sigue a Dios? (v. 17)
  • ¿Qué es el producto del pensamiento? (v. 22)
  • ¿Cómo podemos renovar la mente? (v. 23)
  • Compare los vv. 22 y 24. Contemple lo que es el “hombre viejo” y “el hombre nuevo”.

La humildad es fundamental para todo lo que Dios quiere hacer en, y a través de, el creyente. Cuando no hay una verdadera humildad, Dios nos resiste (1 Pedro 5:5,6). El orgullo, la independencia, el egocentrismo y la autosuficiencia son parte de nuestra naturaleza pecaminosa y son grandes obstáculos para nuestra relación con Dios y con los demás. La persona egocéntrica da prioridad a sus propios deseos, planes y gloria.

Tomemos unos 15 minutos en contemplar nuestras actitudes, especialmente la humildad. Pidamos a Dios que desarrolle en nosotros un espíritu humilde.

Cultivar la relación con Dios- fortalecer las conexiones con el corazón.

  • Amar a Dios
  • Someterse a Dios – Un compromiso humilde a El
  • Confesar con arrepentimiento a Dios – con un corazón humilde y contrito.
  • Depender de Dios