Recursos ObreroFiel Logo (with Tag) Long (1).jpg

La meditación bíblica ¿Estoy escuchando a Dios?

¿Qué significa meditar en las escrituras?

Meditar en las Escrituras es reflexionar en las verdades de la Biblia con el fin de entenderla y aplicarla en todas las áreas de la vida. Es pensar cuidadosamente, considerar, asimilar, ser confrontado, aplicar, adorar y decidir qué, cuándo y cómo obedecer la palabra de Dios.

Es muy diferente de la meditación que ha surgido de las religiones orientales en la cual uno vacía la mente, busca la pasividad o crea una realidad propia por medio de la visualización. En cambio, el cristiano desea llenar los pensamientos del contenido bíblico y activamente buscar su sentido y su mensaje para la vida.

La Biblia dice que a menudo la desobediencia a Dios se debe a no escucharle o no recordar lo que ha dicho. La meditación constante en la palabra de Dios asegura que el creyente pone atención a Dios y se acuerda de él, su presencia, su amor, sus promesas y su voluntad.

El enfoque principal de la meditación bíblica es Dios y su voluntad. Hemos de saturar la mente, las emociones y la voluntad con la verdad bíblica. Después de escuchar una enseñanza o predicación, el cristiano debe dedicarse a meditar en lo que ha recibido. Al leer la Biblia, o estudiarla más detenidamente, se debe reflexionar cuidadosamente en lo que se encuentra y lo que significa para su vida. También, la memorización de textos o pasajes bíblicos llena la mente con las verdades bíblicas y le da la oportunidad de meditar en ellas en cualquier momento.   

La meditación es la actividad que consiste en recordar, en pensar, y en reflexionar sobre todo lo que uno sabe acerca de las obras, el proceder, los propósitos y las promesas de Dios, y aplicarlo todo a uno mismo. Es la actividad del pensar consagrado, que se realiza conscientemente en la presencia de Dios, a la vista de Dios, con la ayuda de Dios, y como medio de comunión con Dios. Tiene como fin aclarar la visión mental y espiritual que tenemos de Dios y permitir que la verdad de la misma haga un impacto pleno y apropiado sobre la mente y el corazón. Se trata de un modo de hablar consigo mismo sobre Dios y uno mismo....
-James I. Packer, Hacia el conocimiento de Dios, pág. 18.

¿por qué se debe cultivar el hábito de la meditación y qué debe suceder cuando un creyente medita en la palabra?

1. La meditación en la palabra de Dios es una clave de la vida de gozo y fruto.

El Salmo 1 describe el deleite y la vitalidad de la vida del hombre y la mujer que medita en la Palabra de Dios:             

...sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.

Un escritor dijo, "La meditación abre el suelo del alma y permite que el agua de la palabra de Dios filtre profundamente en él". La Biblia habla muchas veces de la meditación: Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él.... (Josué 1:8a); Cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en las vigilias de la noche (Salmo 63:6); Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos (Salmo 119:148).            

Otros pasajes ocupan otro vocabulario para hablar de la meditación como Jeremías 15:16 y Santiago 1:25  

Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón....(Jeremías 15:16) y Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace (Santiago 1:25).

2. La meditación enseña a conocer a Dios y a amar a Dios.

El creyente aprende cómo es Dios, cómo piensa y obra, cuáles son sus valores y propósitos. En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos (Salmo 119:15). Él quiere que comprendamos más profundamente su amor, su presencia, sus promesas y su compromiso con nosotros. La meditación debe moldear la manera de pensar y razonar. Debemos apropiar la perspectiva eterna de Dios, las actitudes de él y los móviles de él. Otro autor comenta que la meditación en la palabra de Dios “nos devuelve una perspectiva espiritual, divina y eterna, una perspectiva menos mundana, materialista, ambiciosa y egocéntrica”. Pablo exhorta que seamos transformados por medio de la renovación de vuestro entendimiento y a que seamos renovados en el espíritu de vuestra mente (Ro. 12:2; Ef. 4:23).

La meditación fluye hacia la comunión con Dios en la oración, fomenta el amor a él y lleva al creyente a expresárselo. Le impulsa a adorarle por las maravillas de su persona y las bendiciones y nueva identidad que ha recibido a través del sacrificio de Cristo a través del favor inmerecido de Dios.

3. La meditación permite que Dios confronte al cristiano, le enseñe cómo es, se convenza del pecado y le impulse hacia el cambio.

Deseo conocer a Dios y el alma. ¿Ninguna otra cosa? ¡Nada más! Permíteme conocerme a mí mismo. Permíteme conocerte a ti.
— San Agustín

Un cristiano necesita conocer las bellezas de Dios pero también reconocer la realidad terrible del lado oscuro de su propia naturaleza pecaminosa. El espíritu de autonomía, el egocentrismo, la autosuficiencia, la soberbia, la rebeldía y el engaño caracterizan la naturaleza vieja. Estas características tienden a ser los móviles que guían y dominan sus actitudes hacia Dios y otros, sus palabras y su conducta, aun las cosas buenas que hace. Por eso, el hombre no busca en Dios satisfacer su sed de identidad. Tiende a buscar en cualquier otra cosa—la educación, la importancia, la influencia, el poder sobre otros, el éxito, la apariencia, el reconocimiento, las posesiones. Son otros “amores” que tratan de seducir sus afectos y alejar al creyente de Dios.

En especial el creyente necesita darse cuenta de cómo esta naturaleza le engaña, inspirada por “el padre de la mentira”. Nos convence que nuestro carácter y conducta ahora son como deben ser—que así soy; así me hizo Dios; tengo derecho a ser como soy; es mi vida y no hago daño a ninguno; estoy bien porque soy mejor que muchos. Nos dice que lo malo es bueno o que mis circunstancias justifican que sea, hable o me conduzco en cierta forma. Nos dice que es sólo un pecado pequeño que no importa y no me afecta. Solamente estar saturado siempre con la verdad de Dios puede proteger al creyente de ser engañado por las mentiras de Satanás.

El creyente necesita tener claro todo lo que la Biblia dice sobre la santidad que Dios espera, lo que él ha hecho para que el creyente tenga la victoria, el proceso de la santificación y lo que es su responsabilidad hacer al respecto. Ser confrontado por Dios le lleva a la confesión de su pecado y al cambio de su pensar y sus propósitos, que es el arrepentimiento. Le lleva a odiar lo que no agrada a Dios y a añorar la santidad.

4. La meditación en las Escrituras impulsa al creyente a entregar su vida al control de Dios y someterse a la voluntad de Dios.    

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. Romanos 12:1

La esencia de ser criatura de Dios es reconocer el señorío de Dios (Ro. 9:20). El redimido pertenece a Dios, no a sí mismo (1 Co. 6:19-20). Lo hermoso de ser hijo del Rey del universo es saber que el plan que él tiene para nuestra vida es el plan perfecto y que él no se equivoca. Dios nos ama, es bueno, es sabio, es perfecto. Entonces, sus planes para nosotros son buenos, sabios y perfectos y él siempre busca nuestro bien (Ro. 8:28). Para que él nos use para cumplir sus propósitos hemos de entregar nuestras vidas a su control para que cumplamos el servicio que es nuestro privilegio hacer para él.

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Efesios 2:10

El contentamiento, o sea la aceptación de la voluntad de Dios, es una prueba de nuestra sumisión a Dios (Fil. 4:11-13). Al meditar en las circunstancias y actitudes de Jesús y de otros personajes en la Biblia, Dios lleva al creyente a aceptar con paciencia a las personas que él ha puesto en su alrededor y las circunstancias en las cuales Dios le ha ubicado. La Palabra nos dará la perspectiva de Dios sobre las pruebas, las tentaciones y los desafíos. Nos impulsará de nuevo a rendir nuestra voluntad a él, someternos a su plan y servirle a él y a otros para la gloria de Dios.

5. La meditación en las Escrituras abre la puerta del corazón para que el Espíritu Santo cambie al creyente.

La formación espiritual es el carácter de Cristo siendo formado en lo más interno del corazón de la persona que conoce a Jesucristo como su Salvador
— Dallas Willard

La vida cristiana es una vida de cambio, crecimiento y transformación (Ro. 8:29; Gá. 2:20; Ef. 4:22-24). Hemos de ser seguidores y aprendices de Jesucristo. Max Lucado afirma que Dios nos ama tal y como estamos, pero nos ama demasiado para dejarnos así. El creyente tiende a estar satisfecho con su vida. Hemos de elevar la visión y las expectativas al nivel bíblico y cooperar con Dios para que él nos cambie en la imagen de Cristo.

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. 2 Co. 3:18        

Según este versículo el creyente que está mirando la gloria del Señor es cambiado en la imagen de Cristo por el poder transformador del Espíritu Santo. Miramos las maravillosas cualidades y virtudes de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo al leer, estudiar y meditar en la palabra de Dios. En la Palabra el creyente aprende lo que Dios quiere que su carácter sea: que tenga un corazón de humildad, amor, gozo, contentamiento, paz, paciencia, perdón, veracidad, servicio, pureza, valor, sumisión a otros y mucho más. Dios está presente, preparado y deseoso de hacer los cambios necesarios en nosotros. Cultivar la comunión con Dios, permanecer en Cristo le motiva a querer ser santo como Dios es santo. La meditación le impulsa hacia el cambio. El creyente reconocerá lo que le falta. Se someterá a Dios y pedirá a Dios hacer los cambios. Será animado y fortalecido por la Palabra y más tarde se dará cuenta que Dios le ha cambiado; es diferente.   

6. La meditación en la Palabra enseña al creyente nuevas maneras de amar, servir y edificar a otros.

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Mr. 12:31

Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Mr. 10:45

Después de amar a Dios, el segundo mandamiento es amar a los demás. No sólo hemos de entregarnos a Dios, sino entregarnos también a los hombres. Cuando el cristiano medite en la Palabra, Dios le enseñará cómo manifestar su amor y cómo servir a su prójimo. Dios le enseñará a edificar, animar, apoyar, exhortar, corregir, enseñar, mostrar misericordia y tantos otros ministerios hacia sus hermanos en Cristo.

También, será desafiado a relacionarse bíblicamente con los que todavía no conocen a Cristo. Siguiendo el ejemplo de Jesús, les acercará para poder revelarles el carácter de Dios, su amor, su apertura, su servicio, su consejo, su compasión y su generosidad. Orará por ellos y pedirá que Dios abra puerta para la palabra a fin de dar a conocer el misterio de Cristo. Su palabra será con gracia y el Espíritu usará su vida y palabras para crear sed espiritual en el corazón de los hombres. (Colosenses 4:2-6)

7. La meditación en las Escrituras impulsa al cristiano a depender de Dios, confiar en Dios, que es la vida de fe en Dios.

Al meditar en la Palabra, Dios revelará constantemente la incapacidad del creyente de agradar, obedecer y servir a Dios. Verá que está muy lejos todavía de ser la persona que Dios quiere. Reconocerá que no puede cambiar su propio corazón; sólo Dios puede. El cristiano necesita tener la convicción clara y fuerte de lo que Jesús dijo a sus discípulos:

Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí...porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15:5

...porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Fil. 2:13

El creyente que vive con Dios, compenetrado en la palabra de Dios no se dejará engañar por Satanás quien dirá que la experiencia, la preparación académica, los dones, el éxito que uno ha tenido le darán la capacidad de ser santo y de servir a Dios como él quiere.                    

La virtud de la humildad, la constante dependencia de Dios y la oración son imprescindibles. He de adorarle y agradecerle por cada bien que Dios hace en mí o a través de mí. Todo es una obra de Dios (2 Co. 3:5). Todo es por su gracia, el favor inmerecido de Dios (1 Co. 15:10). Todo lo que soy, lo que hago, o lo que tengo lo he recibido de él directamente o de él a través de alguna otra persona (1 Co. 3:5-7). No puedo aceptar la gloria (1 Co. 4:7). Tengo que depender, confiar, creer, maravillarme y ser agradecido. La dependencia de Dios es la única manera de agradar a Dios y servir a otros (He. 11:6).

el testimonio y la exhortación de dos hombres de dios

George Mueller vivió de 1805 a 1898 y fue conocido por su dependencia total y exclusiva de Dios para las necesidades de los orfanatos que estableció en Inglaterra. En su autobiografía, él relata cómo aprendió a usar las Escrituras cada mañana para satisfacer su alma:

“Entendí, que la actividad más importante que tenía que hacer fue el entregarme a la lectura de la palabra de Dios y a meditar en ella, para que así mi corazón fuera confortado, animado, advertido, amonestado, instruido; y que así, mientras meditara, mi corazón entrara en comunión experimental con el Señor. Entonces, comencé a meditar en el Nuevo Testamento, desde el principio, temprano en la mañana.
“La primera cosa que hice, después de haber pedido en pocas palabras la bendición del Señor sobre su preciosa Palabra, fue el comenzar a meditar en la palabra de Dios: buscando en cada versículo una bendición, no para el ministerio público de la Palabra...sino para obtener el alimento para mi alma. El resultado que encontré casi siempre fue este, que después de pocos minutos mi alma fue llevada a la confesión, o a la acción de gracias, o a la intercesión, o a la petición personal; de manera que, aunque no comencé con la oración, sino la meditación, sin embargo, volvió casi inmediatamente...en oración”.

Notemos en el testimonio de Mueller y también en la lista de beneficios de la meditación que esta práctica lleva al creyente en forma muy natural hacia la oración. El cristiano encuentra en su meditación versículos, temas, necesidades y decisiones personales que claman por la conversación con Dios. Cada tema en la sección “B” resulta en temas que queremos comunicar a Dios—nuestro amor y adoración a él, la confesión y arrepentimiento, sumisión a su voluntad, cambios que añoramos, intercesión por otros, petición por nuestros ministerios hacia ellos y las peticiones y expresiones que manifiestan nuestra dependencia de él para todo.

Alexander Whyte, hace muchos años, exhortó en estas palabras fuertes:

La mente tiene la capacidad más alta, y la meditación es el uso más alto de la mente; es la raíz verdadera y la savia y la gordura de la fe y la oración y la obediencia espiritual. ¿Por qué están tan marchitadas nuestras mentes y tan estériles en las cosas de Dios? ¿Por qué tenemos tan poca fe? ¿Por qué tenemos tan poco asido de la realidad y nobleza de los asuntos divinos? La razón es clara—pocas veces meditamos. Leemos nuestro Nuevo Testamento, a veces, y escuchamos su lectura, pero no tomamos el tiempo para meditar. Oramos a veces, o pretendemos a orar. Pero, ¿jamás nos intentamos preparar nuestros corazones para entrar al trono de Dios a través de la meditación vigorosa sobre quién y qué somos; sobre quién y qué es él a quien pretendemos orar; y sobre lo que hemos de decir, y hacer, y pedir, y recibir?

¿cómo podemos meditar en la palabra de dios?

Pensemos en algunos principios generales que nos ayuden a meditar en la Palabra con bendición y crecimiento.   

1. Busquemos el tiempo y el lugar más propicios. Para la meditación, se necesita un tiempo adecuado, sin prisa y presiones: 20 minutos a una hora. Necesitamos el alimento y la guía de la palabra de Dios varias veces en la semana, si no diariamente. Es de mucha ayuda escoger un lugar a solas, en silencio, sin distracciones.

2. Tengamos un cuaderno y bolígrafo a la mano para apuntar las ideas, aplicaciones, decisiones, alabanzas o peticiones. El acto de escribir obliga a ser específico y concreto. También da la oportunidad de repasar y evaluar el progreso el próximo día o al final de la semana o el mes.

3. Evitemos los pensamientos que distraen. Cuando pensamos en un quehacer, apuntémoslo en una lista para no olvidarlo, y volvamos a enfocar inmediatamente el pasaje que estamos meditando. Si estamos preocupados por algo, podemos apuntar el tema en una lista de oración para más tarde o de una vez entregarlo al Señor en la oración y descansar en la paz de Dios (Filipenses 4:6-7).

4. Seleccionemos el versículo o el pasaje que hemos de meditar en este día. Es recomendable estar leyendo el mismo libro bíblico desde principio a fin, un capítulo o pasaje cada día. Para comenzar se recomiendan, por ejemplo, Filipenses, Santiago, 1 Pedro, Marcos, Juan, Salmos o Proverbios. Para poder profundizarnos en el pasaje, es mejor escoger un pasaje breve de 3-8 versículos. (Si uno desea leer la Biblia en un año, o leer porciones extensas, se puede apartar tiempo en otra ocasión para ese propósito.) Si queremos leer un capítulo entero, podemos marcar los versículos que consideramos más significativos para nuestra vida. Entonces, al terminar la lectura, volvemos a uno de estos pasajes marcados para meditarlo detenidamente.

5. Sometamos nuestra vida al Señor. El Espíritu Santo es nuestro maestro y por eso debemos estar en comunión con Dios. Para prepararnos para la meditación, pidamos a Dios que su Espíritu nos ilumine, confesemos los pecados que interrumpen la comunión con Dios. Acerquémonos a la Palabra con apertura y esperanza, confiados que Dios tiene un mensaje importante para nuestra vida.

6. Leamos el pasaje repetidas veces. Contemplemos detenidamente el pasaje bíblico. Sugiero algunas maneras de captar el significado de los versículos: Leamos cada claúsula varias veces cambiando el énfasis a otra palabra cada vez. Leamos una vez en voz alta. Visualicemos la acción y las figuras literarias. “Participemos” en el evento e involucrémonos con las emociones y pensamientos de las personas en el pasaje. Preguntémonos ¿qué me está diciendo Dios? y ¿cómo toca mi vida hoy estas verdades?

7. Si encontramos versículos que no entendemos y nuestro tiempo es limitado no nos detengamos allí, sino busquemos los versículos que son más claros para la meditación. Algunos versículos necesitarán más estudio para poder aplicarlos correctamente a la vida. Sin embargo, una gran parte de la Biblia es directa y clara. Si encontramos un versículo que no entendemos, podemos apuntar la cita y volver más tarde a investigarlo en un comentario sobre la Biblia o consultar un maestro de la Biblia.

Un procedimiento

Se recomienda aquí una serie de preguntas que llevan al creyente irresistiblemente hacia el amor a Dios, la comunicación y la comunión con Dios. Estas preguntas impulsan al creyente hacia los cambios que necesita en su vida. Los temas de los pasajes bíblicos son muy variados y, entonces, no encontraremos respuestas a todas las preguntas en cada pasaje.

¿Qué encuentro en estos versículos que me enseña y me lleva:

  • a conocer más a Dios, amarlo, adorarle y agradecerle?
  • a confesar y arrepentirme de una rebeldía u otro pecado de omisión o comisión?
  • a someter a Dios alguna área de mi vida o voluntad? a aceptar a las personas o circunstancias que Dios ha puesto en mi alrededor? a obedecer a Dios en un aspecto específico?
  • a orar por y tomar alguna decisión respecto a un cambio que Dios necesita hacer en mí? (Algún aspecto de mi carácter, actitud, motivación, hablar, conducta o relación con otro.)
  • a aceptar, amar, servir, apoyar o edificar a otra persona, sea cristiana o no cristiana?
  • a depender de Dios en una circunstancia, prueba, tentación, ministerio o desafío en particular?                    

Al final, oremos al Señor lo que queremos decirle con respecto a cada respuesta.

otros procedimientos para variar

Cambiar el método de vez en cuando puede hacer más interesante la meditación. También, cada uno puede combinar los procedimientos y encontrar lo que le funcione mejor. Sin embargo, se recomienda que no vayamos muy lejos de las preguntas arriba porque son importantes para llevarnos al amor a Dios, a la oración y a la transformación.

1. Usar el pasaje como una guía para la oración. Tomemos cada parte en turno y conversemos con Dios sobre los temas, con agradecimiento, adoración, confesión de pecado, compromiso de obedecer los deberes, petición de fortaleza para obedecerlos, etc.

2. Como un diario, registrar la fecha y la cita bíblica, lo que aprendió, cómo lo aplicó y las decisiones que tomó.

3. Variar las preguntas que hacemos al pasaje. Las preguntas me guían para descubrir más. No todo pasaje tendrá una respuesta a cada pregunta.                    

  • ¿Hay una promesa en la cual debo confiar?
  • ¿Tiene la promesa una condición que necesito cumplir?
  • ¿Hay un ejemplo que debo seguir? o ¿Un ejemplo negativo que debo evitar?
  • ¿Hay una oración en el pasaje que debo orar?
  • ¿El pasaje enseña una nueva actitud que debo tomar?
  • ¿El pasaje indica algo sobre lo cual debo tomar una decisión?

4. A la luz del pasaje, reflexionar sobre necesidades en su vida:            

  • ¿El pasaje me orienta sobre el problema interpersonal que tengo ahora?
  • ¿Me orienta en la prueba que experimento ahora?
  • ¿Me orienta en la tentación que enfrento ahora?
  • ¿Me orienta en la decisión que debo tomar?            
  • ¿Me orienta en algún aspecto de mi vida en el hogar, el trabajo o el ministerio?

Recordemos que la meditación debe llevarnos a la oración en la cual conversamos con Dios sobre todo lo que él nos ha enseñado. Abramos el corazón a Dios con respecto a las debilidades, los propósitos, el amor para él y para otros. Incluyamos la confesión, la entrega de la vida al control de Dios, y la expresión de la dependencia de su poder.

¿por qué no meditamos en la palabra de Dios?

Una razón es que otras actividades parecen ser más urgentes, por ejemplo, las responsabilidades del trabajo y de las actividades cristianas. El activismo tiende a proveernos un sentimiento de importancia, de poder y de ser indispensables. Posiblemente estamos tratando de llenar nuestra sed de Dios con muchas actividades.

La meditación ocupa más tiempo que sólo leer una porción de la Biblia. Cultivar y disfrutar una relación de amor con otra persona requiere tiempo, pero vale la pena. Dios ha sido generoso con nosotros, aun extravagante. Podemos ser extravagantes en nuestra dedicación de tiempo para él.                    

En Lucas 4:42, cuando la gente le buscaba porque tenían muchas necesidades, la Biblia dice que Jesús salió y se fue a un lugar desierto. Él tenía el poder para llenar todas esas necesidades. Le detenían para que no se fuera de ellos pero él no regresó con ellos. El cristiano necesita darse cuenta que el regalo más importante que puede obsequiar a otras personas, sean de su familia, su iglesia o su comunidad, es la santidad, la madurez y la tranquilidad que viene por estar a solas con Dios y estar en el proceso de ser cambiado por el Espíritu de Dios y por su Palabra.

Otro obstáculo es la agitación, rapidez y presiones de la vida moderna que hacen menos natural la reflexión detenida sobre los temas espirituales. En los tiempos bíblicos y en tiempos más recientes el pastor de ovejas, como David, pasó muchos días a solas. No había luz en la noche, ni libros, ni radio, ni televisión para distraerse. El agricultor de antes trabajaba muchas horas a solas en el campo en actividades repetitivas. Ya no viajamos muchas horas o días a pie o a caballo por caminos desolados con tiempo para reflexionar y comunicarnos con Dios. Había tiempo de pensar, recordar, evaluar y planear. Hoy día el cristiano tiene que disciplinarse para apartar tiempo para escuchar la voz de Dios en las Escrituras y dejar que el Espíritu moldee sus pensamientos, actitudes y planes conforme a su voluntad.

¿cultivara usted el hábito de meditar en la palabra de Dios?

El cristiano que medita fielmente en la palabra de Dios y responde a su mensaje llegará a amar más a Dios y a caminar en comunión con él. Tendrá la grata sorpresa que su corazón y carácter cambian y que está experimentando la transformación de vida que nos lleva hacia la imagen de Cristo. Escuchemos las palabras de ánimo de algunos hombres de Dios que tuvieron muchos años de experiencia en meditar la palabra de Dios y caminar con Dios.

¿Hará tiempo para meditar en la Palabra?

“O”, dice uno, “quisiera pensar en Dios con todo mi corazón, pero el trabajo de la meditación es un trabajo que lleva tiempo, y no tengo tiempo; mis manos están tan llenas de negocios, y tan llenas de ocupaciones, no tengo tiempo para este trabajo. La meditación no es un pensamiento ligero; es un trabajo de tiempo, y no tengo tiempo”. Entonces, vea lo que dice el Salmo 119, “Inclina mi corazón a tus testimonios”. ¿Cómo? “Aparta mis ojos, que no vean la vanidad”. La manera de que el corazón se incline a los testimonios de Dios, es quitar los ojos de estas vanidades externas. ¿Quisiera meditar en Dios y las verdades de Dios? Entonces tengan cuidado que sus corazones, y sus manos, no estén demasiado llenos del mundo y sus ocupaciones....Amigos, hay un arte, y una habilidad divina de meditación, que ninguno puede enseñar sino sólo Dios. ¿Quisiera tenerla? Vaya entonces a Dios, y ruegue a Dios estas habilidades.
-William Bridge, 1845

¿Valdrá la pena el compromiso que requiere la meditación en la palabra de Dios?

Es una ayuda al conocimiento; entonces el conocimiento aumenta. Así, la memoria se fortalece. Así, sus corazones se calientan. Así, será librado de pensamientos pecaminosos. Así su corazón será atinado a cada deber. Así crecerá en la gracia. Así llenará los rincones y rajas de su vida, y sabrá invertir su tiempo libre, y mejorarlo para Dios....Así conversarán con Dios, tendrán comunión con Dios, y lo disfrutarán. Y pregunto, ¿no hay suficiente provecho aquí para endulzar la travesía de sus pensamientos en la meditación?
-William Bridge, 1845

¿Dejará que algún obstáculo le prive de los beneficios de la palabra de Dios?

Si yo fuera el diablo, uno de mis primeros propósitos sería detener a las personas de cavar en la Biblia. Sabiendo que es la palabra de Dios, enseñando a los hombres a conocer y amar y servir al Dios de la Palabra, yo haría todo lo posible para rodearla con abismos, siembras de espinas y trampas para los hombres, para hacer huir a la gente....A todo costo quisiera evitar que emplearan sus mentes en una manera disciplinada para conseguir su mensaje.
-James I. Packer, 1979

Autor: Dr. Stanford Orth, “Usado con permiso”

ObreroFiel.com- Se permite reproducir este material siempre y cuando no se venda.