Una perspectiva bíblica del silencio y soledad

Lección 3: ¿Por qué practicar el silencio y la soledad? Parte 1

Para escuchar mejor a Dios

El silencio y la soledad son maneras prácticas de alejarnos del ruido de las actividades diarias y de las muchas voces que hablan en nuestras vidas, para centrarnos en escuchar a Dios. En 1 Reyes 19:11-13 se describe el encuentro de Elías con Dios en el Monte Horeb. El versículo 12 describe su percepción de la voz de Dios, “Y después del terremoto, siguió un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego; Y después el fuego [un sonido suave de la quietud y] una pequeña voz. [Biblia Amplificada] Esta ilustración nos recuerda que Dios espera que estemos atentos cuando Él habla. Él no gritará para que pueda ser oído por oídos desatentos. La importancia de la atención se acentúa aún más por Habacuc 2:1, Me mantendré alerto, me apostaré en los terraplenes; estaré pendiente de lo que me diga, de su respuesta a mi reclamo [NVI-S]. La soledad y el silencio nos permiten posicionarnos como un guardia que está estratégicamente situado en una torre de vigilancia, para que podamos estar en sintonía con las indicaciones de Dios.

Como hijos y siervos de Dios en Su reino, tenemos una responsabilidad claramente definida de asegurar que estemos listos para escucharle cuando Él hable. El desafío viene cuando consideramos el hecho de que vivimos en un mundo que nos bombardea constantemente con miles de mensajes cada día. Todo el mundo y toda la gente están compitiendo por nuestra atención, ya sea por el correo electrónico, la televisión, medios sociales o el contacto personal. La cantidad de comunicación dirigida hacia nosotros puede ser tan abrumadora que comenzamos a cerrar nuestro oído y nuestra sensibilidad a todo, con el resultado de que se pierde lo que se dice. Además, incluso aunque deseáramos cerrar nuestro oído, es casi imposible apagar todos los ruidos que encontramos durante las actividades de un día. El silencio y la soledad son una de las pocas soluciones efectivas para enfrentar estos desafíos. Si fallamos en reconocer estos peligros, puede limitar a Dios en guiarnos y bendecirnos.

Tarea de aprendizaje 3:

¿Puede pensar en un tiempo en su vida en que sintió que claramente escuchó la voz de Dios en su corazón, guiándole en algún sentido? ¿Cuál fue el resultado?  Comparta esa historia con su familia o un(a) amigo(a).


 

Para expresar la adoración a Dios

La adoración de Dios no siempre requiere palabras, sonido o acción. A veces, la adoración consiste en una quietud y un silencio centrados en Dios. Precedentes bíblicos para esto incluyen los textos como Habacuc 2:20, “Pero el Señor está en su santo templo. Que toda la tierra guarde silencio delante de él”, [NTV] y Sofonías 1:7 “Guarden silencio en presencia del Señor Soberano…”. [NTV] Ese es el silencio de la adoración. Hay momentos para hablar con Dios, y hay momentos en que debemos simplemente contemplarlo y adorarlo en silencio.

Para expresar la fe en Dios

Hay pocas maneras en que un creyente pueda expresar más claramente su fe en Dios que entrar en su presencia en un momento de crisis y permanecer en silencio como una expresión de la fe en el amor de Dios y su capacidad para actuar. “PARA DIOS solamente, mi alma espera en silencio; De Él viene mi salvación. Él solamente es mi roca y mi salvación, mi defensa y mi fortaleza, no seré movido en gran medida”. (Salmo 62:1-2) [Biblia Amplificada] David había visto a Dios actuar fielmente una y otra vez para su beneficio, lo que había desarrollado dentro de él una confianza tranquila en Dios. El profeta Isaías desarrolló este mismo tipo de fe en Dios a través de sus propias experiencias ministeriales. Dice Isaías 30:15, “Porque así ha dicho el Señor Dios, el Santo de Israel: En volver [a mí] y descansar [en mí] serás salvo; En la quietud y en la [confiada] fe será tu fuerza…”. [Biblia Amplificada] El ministerio de Isaías fue uno de los más difíciles asignados a un profeta en el Antiguo Testamento. Las dificultades que él enfrentaba constantemente desafiaban su confianza y fe en el amor y la voluntad de Dios para él. La fe se expresa maravillosamente a través de nuestras declaraciones de alabanza, canciones de adoración y oración; Pero permanecer ante Dios en un santo silencio es también una declaración inequívoca de su fe.