Cuidando de su templo

Dios está en el negocio de la Transformación Extrema. Como escribe Max Lucado en su libro Como Jesús, “Dios te ama tal como eres, pero se rehúsa a dejarte así. Él quiere que seas como Jesús”. Nuestro Padre toma muy en serio el trabajo de saber todo lo que hay que saber acerca de nosotros - cada cabello y cada complejo, cada pensamiento y cada tentación, cada vicio y cada victoria. Y Él quiere llevar sujeta cada parte de nosotros bajo la cautividad de su amor.

Con Dios no hay lo sagrado y lo secular - todo le importa a Él. Muchos tenemos la idea de que a Dios solamente le importa nuestro carácter. Se nos olvida que vino en la carne no sólo para salvar nuestras almas, sino a identificarse con nosotros y a enseñarnos cómo andar en cuerpos humanos que a veces se cansan, enferman y quebrantan.

Nuestros cuerpos fueron hechos para servir a Dios. El mantener nuestros cuerpos tan fuertes y sanos como nos sea posible es parte de nuestro deber cristiano.

Mi tía abuela Lettie, quien alcanzó los 102 años de edad, en una ocasión dijo: “Si hubiera sabido que iba a vivir tantos años, me hubiera cuidado mejor.” La gente de su generación no pensaba mucho en vivir vidas saludables; simplemente comían alimentos cultivados en casa, trabajaban duro desde el amanecer hasta el anochecer y dormían el sueño del cansado. Nadie que araba el campo con una yunta de caballos o cargaba leña para la estufa necesitaba de un gimnasio - sus quehaceres diarios les daban todo el ejercicio que necesitaban. Ellos respetaban los ritmos sencillos de la vida diaria: levantarse al amanecer, comer, trabajar, comer y acostarse al caer la noche.

Nuestro Padre toma muy en serio el trabajo de saber todo lo que hay que saber acerca de nosotros - cada cabello y cada complejo, cada pensamiento y cada tentación, cada vicio y cada victoria.

En la creación, Dios diseñó temporadas y ritmos para la vida. El amanecer de cada día, el día de reposo semanal y las temporadas y fiestas anuales - todo refleja el orden del universo y de su Creador. Y cuando nuestras vidas están bien ordenadas también son un reflejo de nuestro Creador.

Nuestros cuerpos también tienen ritmos. Nuestros corazones laten, reflejando el paso que mantenemos. Nuestro sistema digestivo absorbe nutrientes para dar energía a nuestro cuerpo y elimina lo que ya no requiere. Podemos, en verdad, decir con el salmista: “Te alabaré, porque formidable y maravillosamente me formaste; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien” (Salmo 139:14 RVG).

Pablo escribe, “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios “ (1 Corintios 6:19-20)

Siempre que leo pasajes acerca de honrar a Dios con mi cuerpo, quiero darme prisa para pasar a otro tema más cómodo, a veces más “espiritual”. Encuentro que es más fácil hablar del camino, que andar por el camino. Como dijo un entendido, “Cada vez que digo la palabra <ejercicio>, me lavo la boca con chocolate”.

Pero mi Padre Celestial Educador en el Hogar no me deja zafarme tan fácilmente. Me recuerda que no me pertenezco a mí mismo, que fui comprado por precio, y que debo ser un buen mayordomo de todos los dones que Dios me ha dado, incluyendo mi cuerpo con sobrepeso y que no ejercito. Debo estar particularmente consciente de lo precioso que es un cuerpo sano. En el 2001 casi me moría debido a un fallo de órganos múltiple por causa de una infección de E. coli severa. Me avergüenza admitir que no siempre trato a mi ahora cuerpo sano como el tesoro doblemente redimido que es.

Sospecho que la idea de Dios de estar en forma difiere de las imágenes de la modelo perfecta que nos presentan los medios. Él ve más allá de las modas y se fija en el corazón. ¿Estamos siendo buenos administradores de estos cuerpos que nos dio? ¿Estamos haciendo lo necesario para fortalecerlos y mantenerlos fuertes para que podamos servir a nuestras familias y servir al reino de Dios? Veamos algunos de los elementos fundamentales para una vida sana.

Alimentos

Marcos 7:18-20 enseña que todos los alimentos son aceptables y limpios. Pero una dieta que se especializa en chocolates, papitas y pastel de queso no producirá un cuerpo saludable. Y no se requiere de mucho para hacer inclinar la balanza. La persona aumenta solamente 85 gramos por mes -el peso aproximado de ⅓ de taza de agua- aumentará un kilo por año. Eso es 30 kilos en 30 años, suficiente para hacer que la mayoría de nosotros caigamos en la categoría de obesos en las tablas de nuestro doctor.

Al definir la moderación, Judith Viorst dijo: “Fortaleza es la capacidad de poder romper con tus manos una barra de chocolate en cuatro partes y luego nada más comerte una parte”.  Alex Bogusky escribe acerca de la moderación en La Dieta de 9-Pulgadas. Él comenta que en 1963 el plato normal para las comidas medía 9 pulgadas de diámetro y le cabían aproximadamente 810 calorías de comida. Con el paso de los años esos números han cambiado. Para el 2004, el plato normal para las comidas medía 12 pulgadas y le cabían 1870 calorías. ¡Con razón las personas están continuamente aumentando de peso!

1 Samuel 16:7b dice: “Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”. Aunque a Dios no le interesa si nos vemos como modelo de portada. Él sí quiere nuestra obediencia. Él no quiere que nos controlen nuestros apetitos. La glotonería, después de todo, se clasifica como pecado. El comer de más puede ser una adicción como el fumar, las drogas o el alcohol. Estos son problemas del corazón que se manifiestan en nuestros cuerpos.

Ejercicio

El ejercicio no es solamente para los atletas. Busca algo que te guste hacer o que por lo menos toleras hacer y luego hazlo. Algunas familias se inscriben en el plan familiar de algún gimnasio. Otras se mantienen en forma jugando deportes juntos. El caminar es gratis y es un buen receso de los estudios. Únete a tus hijos a jugar algún juego rápido de “Tú las traes”, “Los encantados” o “pato-pato-ganso”. Pon un video cristiano de ejercicios y comienza a moverte.

Descanso

¡Hazlo! Dios diseñó nuestros cuerpos y mentes para que requirieran de un reposo diario. Nuestros músculos y huesos que trabajan fuerte durante el día necesitan del sueño para reponerse. Nuestros cerebros realizan incontables tareas durante el día, mientras descansamos, ordenan y archivan. El sueño da descanso a nuestras almas (¡y a nuestras suelas!).

Durante mis más de 12 años de embarazos y lactancias, los muchachos y yo descansábamos después de la comida. Pudiera ser que los mayorcitos no se durmieran, pero de todas formas debían permanecer en sus camas haciendo algo en silencio, como leer. Yo era una mucho mejor mamá por haber tenido ese receso al mediodía. Ignora la tentación a permanecer despierta por mucho tiempo después de que se acuestan los niños por la noche para “lograr hacer algunas cosas”. Necesitas tu descanso más de lo que necesitas una casa desempolvada. De igual manera, no uses los domingos como un día para ponerte al corriente de tus proyectos. Yo he hallado que logro hacer más de lunes a sábado cuando descanso los domingos. También, rara vez me enfermo cuando estoy bien descansada, a pesar de recibir en mi casa a tres docenas de niños a la semana que vienen a tomar clases de piano, en ocasiones llenos de gérmenes.

El de tu cuerpo es parte de tu servicio espiritual al Señor. Si has descuidado o abusado de tu cuerpo, permite que el Entrenador Transformador Divino te dirija hacia un estilo de vida más saludable para su gloria.

Este artículo fue originalmente publicado en la edición Mar/Abr 2010 de la revista Home School Enrichment Magazine. © 2010 por Marcia K. Washburn. Marcia y su esposo educaron en el hogar a sus cinco hijos durante diecinueve años.

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