Diagnosticar la enfermedad de precipitación

Aceleración. Usted está obsesionado por el temor de que no tiene suficiente tiempo para hacer lo que debe hacer. Usted trata de leer más rápido, conduce reuniones del consejo más eficientemente, escribe sermones sobre la marcha, y cuando aconseja, usted asiente con la cabeza con más frecuencia para animar al aconsejado a acelerar.

Se irrita cuando tiene que esperar. En un semáforo, si hay dos carriles y hay un auto en cada uno, usted lee el año, la marca y el modelo de cada auto para adivinar cuál arrancará más rápidamente.

En el supermercado, si usted tiene una opción entre dos líneas de cajero, considera el número de personas en cada línea y multiplica este número por el número de artículos por carro. Y si el que estaba después de usted sale de la tienda antes que usted, se siente deprimido.

 

Multitareas simultáneas. Se encuentra haciendo o pensando en más de una cosa a la vez. Los psicólogos llaman a esto actividad polifásica (podría llamarse hacer-más-de-una-cosa-a-la-vez, pero eso tomaría demasiado tiempo para decir).

El automóvil es un lugar favorito para esto. Los pastores gravemente enfermos de precipitación pueden conducir, comer, beber café, escuchar cintas para ideas del sermón, afeitarse o aplicar maquillaje, dirigir los negocios de la iglesia en el teléfono, todo al mismo tiempo. O puede que traten de ver la televisión, leer su revista Liderazgo, cenar y llevar a cabo una conversación telefónica simultáneamente.

 

Desorden. Eche un vistazo a su escritorio. Un estudio señala que el trabajador de despacho promedio tiene papeleo que resultará en 36 horas de trabajo en el escritorio, y pasa tres horas a la semana sólo ordenándolo.

Los enfermos de precipitación carecen de sencillez. A menudo llevan una agenda del tamaño de Montana.

¿Se encuentra usted subscribiéndose a demasiadas revistas y luego se siente culpable porque no puede leerlas todas? ¿Alguna vez ha comprado aparatos que ahorran tiempo o programas de software bíblico y luego no los usa porque no tiene tiempo para leer las instrucciones?

 

Fatiga de ocaso. Llegamos a casa después del trabajo, y aquellos que más necesitan nuestro amor, aquellos a quienes estamos más dedicados, terminan recibiendo las sobras. Esto es parte de lo que el autor Lewis Grant llama "fatiga de ocaso"—todos esos comportamientos del final del día que señalan la enfermedad de precipitación:

  1. Usted se apresura en casa incluso cuando no hay razón para hacerlo.
  2. Usted habla palabras hirientes a su cónyuge e hijos, incluso cuando no han hecho nada para merecerlas.
  3. Usted apresura a sus hijos. Establece carreras supuestas ("Ok niños, vamos a ver quién puede bañarse más rápido"), que se tratan realmente de su propia necesidad de terminar el quehacer.
  4. Usted le dice a su familia que todo estará mejor en sólo una semana o dos. Un pastor amigo cuenta cómo, en una temporada afanada, se encontró viviendo por "el martes en quince" porque entonces habría menos en la agenda, al menos durante unos días. Pero se dio cuenta de que se había convertido en una forma de vida. Siempre vivía para "el martes en quince".
  5. Usted se da el capricho de escapes autodestructivos: viendo demasiada televisión, abusando del alcohol, o explorando www.hotsex.com.
  6. Usted cae en la cama sin ningún sentido de gratitud ni maravilla por el día, solo agotamiento.

 

Amor impedido. El signo más grave de la enfermedad de precipitación, sin embargo, es una capacidad disminuida de amar. Puesto que el amor y la prisa son fundamentalmente incompatibles. El amor siempre toma tiempo, y el tiempo es lo que las personas precipitadas no tienen.

Cuando me precipito, comienzo a resentir a la gente a la que debo ministrar. Alguien me contó acerca de una caricatura en la que un pastor está hablando por teléfono mientras mira su calendario: "No, el jueves no puedo.  ¿Qué tal nunca? ¿Nunca funcionaría para usted?"

También empiezo a pensar en la gente de mi iglesia en términos estrictamente utilitarios: ¿cómo puedo obtener más ayuda de ellos? Los uso en lugar de amarlos.