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La importancia de un enfoque holístico para la formación del líder

El tema de la formación del líder es uno sobre el cual se han escrito enormes cantidades de información.  He sido estudiante y practicante de la formación de líderes la mayor parte de mi vida.  Mis experiencias personales trabajando con líderes continuamente me recuerdan la complejidad de este proceso y la dependencia absoluta sobre la obra del Espíritu Santo.  Si los que sirven a los demás líderes no se rinden como herramientas útiles en las manos del Espíritu de Dios, nada de valor duradero puede ocurrir.

Hay un aspecto de la formación del líder que creo que no es bien entendido o comunicado. Si la formación del líder va a ser plenamente eficaz, debe ser holístico (integral). El término holístico se refiere no sólo a los elementos espirituales, pero también incluye los aspectos físicos, emocionales, relacionales e intelectuales de la formación de un líder.  Como hombre, Cristo se desarrollado como una persona en su totalidad, como se describe en Lucas 2:52, Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.  Observamos que también trabajó para desarrollar plenamente a los discípulos para que poseyeran la necesaria comprensión bíblica, habilidades de conocimiento y la vida (la sabiduría); él modeló la importancia del cuidado físico y emocional (estatura); los dirigió a una relación íntima espiritual con el Padre (gracia para con Dios); y les demostró cómo desarrollar relaciones efectivas en todos los niveles y con todo tipo de personas (gracia para con los hombres).

La alta concentración de materiales que tiene un enfoque solamente sobre la formación espiritual podría llevarnos a creer que las personas espiritualmente maduras naturalmente son equipadas para también enfrentar cualquier desafío personal o profesional en la vida y ministerio.  Afirmo plenamente la importancia de centrarse específicamente en la formación espiritual; sin embargo, la vida y experiencia ministerial me han demostrado repetidamente que un enfoque limitado como esto es raramente suficiente para completamente preparar líderes para todos los desafíos de la vida.  Es cierto, que en un mundo perfecto, las personas espiritualmente maduras verían que las Escrituras enseñan la necesidad de cuidar de uno mismo de manera holística; sin embargo, no vivimos en un mundo perfecto. Innumerables hombres y mujeres han sido descalificados del ministerio por razones más allá de la madurez espiritual por tales cosas como la pérdida de salud física o emocional, la mala administración financiera personal o la imposibilidad de desarrollar con eficacia las relaciones.  La tragedia es que la gran mayoría de estas fallas son derivadas de la ignorancia en estas áreas, no por causa del pecado.

En mi investigación y estudio he sido sorprendido por el número limitado de autores que dan más que una breve mención de los elementos que componen la formación del líder.  Kenneth Boa se refiere a la "Espiritualidad holística" en su libro Conformado  a su imagen y lo define como "la centralidad de Cristo y su relevancia para cada componente de nuestra vida.” [1]   Desde los días del Nuevo Testamento tenemos la tendencia a separar la vida espiritual de los otros elementos que componen al ser humano. Es desconcertante observar que tan naturalmente creyentes y líderes de la iglesia hacen estas mismas divisiones.  Son capaces de tolerar y racionalizar conflictos en el matrimonio e interpersonales cuando sus ministerios son exitosos.  Ven a menudo la falta de salud como parte del costo de servir al Señor, sin tomar en cuenta el impacto de una dieta deficiente, la falta de ejercicio y descanso insuficiente.  Este tipo de pensamiento y razonamiento no es consistente con la Palabra de Dios.

Es imperativo que entendamos que el vivir la vida espiritual y la práctica del cuidado para el hombre entero son inseparables. La tendencia existe de centrarse en los elementos individuales de la formación espiritual sin jamás captar el significado del todo, cómo funciona y qué se debe hacer para nutrir y cuidar de él.  Covey atinadamente señala, "aunque la renovación en cada dimensión [de la vida espiritual] es importante, se convierte óptimamente eficaz únicamente cuando nos ocupamos de las cuatro dimensiones [física/emocional, social, espiritual y mental] de una manera sabia y equilibrada. Descuidar un área negativamente afecta el resto.  Las cosas que hacemos para prepararnos en cualquiera de las dimensiones tienen un impacto positivo en las otras dimensiones, porque son tan altamente interrelacionadas.... Cuando mejoras en una dimensión, también aumentas tu capacidad en las otras dimensiones." [2]

En resumen, una perspectiva holística a menudo carece entre los líderes en todos los niveles. Muchos igualan el cultivar la vida espiritual de otros con la cultivación de la suya.  Las consecuencias de esta forma errónea de pensar no se deben tomar ligeramente, ya que pueden dar resultado a trágicas fallas personales que rinden a uno ineficaz en su servicio para el Señor. El ministerio de la formación espiritual debe ser holístico a pesar de todas sus dificultades y retos. Como seguidores de Cristo somos llamados a establecer primero nuestro estar en Cristo, y de esta relación debe fluir nuestra vida y ministerio.  En la discusión de Edgar Schein de suposiciones acerca de la actividad humana adecuada él desarrolla el concepto de "siendo-en-haciéndose".  Él dice que quien posee este punto de vista entiende que "la perspectiva de siendo en haciéndose hace hincapié sobre la clase de actividades que tienen como su objetivo el desarrollo de todos los aspectos del ser como un integrado total [itálicas mías]." [3]   Él captura la esencia de la formación espiritual holística; tiene como fin el desarrollo de todos los aspectos del ser como un integrado total.  Yo te desafío a orar conmigo para que el Espíritu de Dios impulse a la iglesia y sus líderes a comprender más claramente, abrazar y vivir estos principios.

[1] Kenneth Boa, Conformed to His Image (Grand Rapids: Zondervan, 2001), 201.

[2] Stephen Covey, The Seven Habits of Highly Effective People (New York: Simon & Schuster Inc., 1989), 302.

[3] F. R. Kluckhohn and F. F. Strodbeck, Variations in Value Orientations (New York: Harper & Row, 1961), 17; quoted in Edgar Schein, Organization Culture and Leadership (San Francisco: Jossey-Bass, 1992), 129.